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The Chainsmokers - Sick Boy








Puntaje: 10/20
Año: 2018
Sello: Disruptor


Decir que el electropop lleva ya unas décadas sin dejar de sonar en las radios del mundo resulta evidente. Lo hace y con mérito propio, por supuesto, ya que ha sabido encontrar en sus exponentes diversos modos de atraer públicos hambrientos de música pegadiza. Y si bien fue en Europa donde la electrónica se desarrolló con más empeño durante el siglo xx, hoy los Estados Unidos se constituyen como una potencia global del género. Al menos en latinoamérica, casi todo el electropop que se difunde en medios masivos es, en efecto, de origen norteamericano. Sin embargo, las cosas dejan de ser evidentes cuando nos preguntamos qué componentes son esos, qué elementos aquellos, los que en suma hacen de una propuesta electropop tan vulnerable al éxito. No cabe duda: la gente enloquece con Halsey, Taylor Swift o Lady Gaga. Pero, ¿por qué? ¿De dónde nace este goce, en apariencia desmedido, que mueve a las y los oyentes a experimentar las mismas canciones, con las mismas estructuras y temáticas, una y otra vez?

Alguna vez, ya repasamos en esta web la inmovilidad temática del pop, que nos sigue hablando de las mismas cosas desde hace cincuenta años. Hoy, en cambio, toca echar un vistazo a la propuesta de uno de los grupos de electropop más célebres de la actualidad: The Chainsmokers. Sí, esos DJs neoyorquinos que alcanzaron la fama gracias a un homenaje a aquella palabrita que se puso muy de moda en internet allá por el 2014. Sin embargo, de "Selfie" hoy no queda mucho. De una electrónica explosiva y con altas dosis de energía, ahora la música del dúo recorre caminos más sesudos, procurando un balance entre ritmo y narrativa. En todo caso, esa impresión deja escuchar Sick Boy, el más reciente álbum de The Chainsmokers. En sus diez temas, encontramos algunas luces que podrían explicar la popularidad del dúo, siempre dispuesto a ofrecer al oyente un lugar para situarse. Sus canciones, al fin y al cabo, son eso: un espacio, construido a base de clichés, que debemos ocupar. Más que perdernos en melodías de sintetizadores, lo más probable al escuchar este álbum es que los versos de Andrew Taggart y compañía nos hagan pensar: me gusta esta música porque habla de lo que yo he sentido alguna vez.

Los tres primeros tracks, "This Feeling", "Beach House" y "Hope", como no podía ser de otra manera, abordan temas amorosos. El primero resume buena parte del álbum por el tono adolescente de su narrativa ("You're the one that I want, and if that's really so wrong / Then they don't know what this feeling is like", entona Kelsea Ballerini, una de las varias apariciones colaborativas del disco). Se cuenta la historia de un amor que la sociedad no comprende, mientras una guitarra acústica se mezcla con un muchas percusiones electrónicas para crear una pieza entretenida, mas no interesante. El segundo, más rítmico y bailable por sus eventuales descargas de energía electrónica, se sostiene sobre una estructura de estrofa-coro-drop que se vuelve cansina hacia la mitad del tema. En el tercero sucede algo semejante, aunque aquí la voz de Winona Oak adquiere un protagonismo que opaca la historia de desengaño que nos está contando (I only wanted you cause I couldn't have you / Now that I know / That wasn't love, that was just hope). Es un tema atractivo y fácil de seguir, que sin embargo deja un sinsabor curioso.


Y es que, hasta aquí, algo no encaja. Los relatos que escuchamos corresponden a un amor desmesurado, que da todo de sí (algo que se refuerza aún más en "Side Effects"); y a la vez, la música es más bien calculadora y pensada al milímetro. En otras palabras, existe un abismo entre la pasión idealista de la narrativa y la rigidez paralizante de la música. Mientras las y los protagonistas de estas historias parecen dispuestos a todo, la música se limita a ofrecer melodías vocales pegajosas, progresiones armónicas mayores, coros repetitivos y compases de 4/4. Es una oportunidad desperdiciada, casi todo lo opuesto a lo que ocurre en temas como "Siren" o "Safe Yourself", donde los relatos son irrelevantes, inútiles, casi prescindibles. En todo momento, estas composiciones dan la impresión de haber podido existir, sin ningún problema, como propuestas puramente instrumentales. La música es agresiva y movediza. El problema es que parece viajar en círculos, siempre hacia la misma dirección: el drop de inspiración brostep. Puro ritmo, pura potencia para disfrutar bailando; no de otro modo.

Con todo, Sick Boy ofrece también algunas reflexiones llamativas, como en la canción que da título al álbum. Un detalle sintomático: quizá ella muestra lo más sincero o lo más parecido al sentir del dúo, y por ello decidieron usar el nombre para su producción. En cualquier caso, aquí Taggart y Pall nos regalan unos cuantos versos para pensar el narcisismo de nuestra época. "Welcome to the narcissism / Where we're united under our indifference", se escucha en el coro, a lo que se suman preocupaciones ligadas al consumo musical en redes sociales ("Feed yourself with my life's work / How many likes is my life worth?") y a la intimidación que ejerce cierta prensa en la vida del artista ("Make no mistake, I live in a prision"). Esa misma insatisfacción ante el status de celebridad se encuentra en "Somebody", un testimonio, a ritmo de trap, de alguien que lo tiene todo y a la vez nada, alguien sufriendo una crisis de identidad tras la consecución de sus anhelos. Así, The Chainsmokers escapan de la envolvente temática amorosa con cierta lucidez, la misma que se pierde en "Everybody Hates Me" debido, de nuevo, al tono ingenuo y adolescente de sus frases reiterativas.

Si alguna lección podemos extraer de Sick Boy es que el electropop ejecuta un efecto de representación para meterse nuestra mente. Cada canción que compone este álbum tiene, por lo menos, un millón de reproducciones en Youtube, y decenas de millones en Spotify. No es gratuito. Decepciones amorosas, crisis de identidad, insatisfacciones ante el éxito y likes en redes sociales son temas universales, con los que cualquiera podría sentirse conmovido. Sin embargo, aquí se tratan con displicencia, desde una distancia cínica que le impide ser tomada en serio. Musicalmente, además, se consolida aquella distancia, pues escuchamos un conjunto de composiciones de energía y estribillos predecibles, en donde se abandona el ingenio para privilegiar la melodía disfrutable y efectiva, el ritmo pegadizo. En un mundo que exige no tomarse la vida muy en serio, trabajos como el de The Chainsmokers seguirán destinados a triunfar. Pero va a ser complicado que sus intenciones basten para crear música trascendente.
The Chainsmokers - Sick Boy
Aspirante a periodista cultural y crítico musical wannabe. Lleva un tiempo intentando hacerse famoso en internet y hasta ahora nada.

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