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Veronik - Anómala






Puntaje: 13/20
Año: 2017
Sello: -


Si hay algo que le debemos al arte es su capacidad para permitirnos descubrir lo que la cotidianidad suele ocultarnos. El arte revela una verdad: la verdad del artista, de la cual siempre se aprende algo, para bien o para mal. Así, mediante ideas revestidas de una estética determinada, los artistas siempre nos están enseñando, mostrándonos el mundo a través del suyo propio. El caso de la compositora peruana Veronik es curioso, pues su mundo musical se parece mucho a la portada de su nuevo álbum Anómala: es colorido y llamativo, pero también difuso e intrigante, como si nos estuviera ocultando algo. La verdad artística de Veronik, sin embargo, solo es comprensible gracias a su amado theremin, ese instrumento digno de película de ciencia ficción que a inicios del siglo xx deslumbró nada menos que a Vladimir Lenin.

Han pasado casi cien años desde la invención del theremin, pero Veronik lo hace sonar como un instrumento totalmente novedoso, como si se tratara del último descubrimiento tímbrico de la música electrónica. No hay que dejarse engañar por "Crisálida", el track inicial del álbum, pues se trata de un coqueteo con el space rock que poco tiene que ver con el resto de temas, aunque de algún modo nos introduce en el universo instrumental de la compositora. Es a partir de "Cerré los ojos" cuando empezamos a ser testigos de la verdadera propuesta de Anómala: melodías de theremin imponiéndose sobre sofisticadas armonías de guitarra eléctrica, líneas de bajo que por momentos rozan la sensualidad y un constante juego de percusión que entrega un protagonismo especial a los golpes de platillos. Todo ello envuelto por una evidente atmósfera psicodélica, innegable heredera de Pink Floyd, a tal punto que en algún instante de "Cerré los ojos" uno se puede preguntar en qué momento David Gilmour empieza a cantar.



Si bien la propuesta se mantiene en casi todas las composiciones, hay algunos detalles que generan cierto dinamismo y mantienen con vida cada uno de los veinte minutos que dura el LP. En "Gallinazos", por ejemplo, escuchamos lo que podría ser, sin exagerar, el soundtrack de un descenso a la locura, la música perfecta para encaminarse hacia la degradación mental. Es, por cierto, la composición más experimental de Anómala, y por esto quizá la que más hace justicia al título del disco. Por su parte, "Adiós laberinto" es otro tema que llama la atención por escapar a la fórmula general del álbum, ya que muestra una mezcla de timbres interesantísima: ukelele y theremin. Por momentos, los acordes de ukelele causan que esto sea más un lamento que una pieza musical, con el theremin sonando precisamente como lo explica Veronik en una entrevista a la web rocanrol.pe: "a medio camino entre un violín y una voz humana".

Hacia el término del álbum, en "Primavera" (único tema cantado), Veronik nos invita a "Escapar de la realidad" en tres idiomas distintos, dejando la sensación de que ese ha sido uno de los grandes propósitos que ha buscando con Anómala. Sin embargo, escapar de la realidad no es necesario cuando hay música que la hace interesante, música que nos revela verdades. Definitivamente, la gran revelación de Anómala es mostrarnos al theremin como una potente arma expresiva, capaz de provocar una variedad de sensaciones debido a su elasticidad melódica. Y es que Veronik ya está lejos de ser aquella Valium de guitarras distorsionadas y grunge rock. Ahora, más bien, se dedica a ir por el mundo difundiendo las bondades musicales de su amado theremin, ese que se inventó en la ya desaparecida Unión Soviética y que, por azares de la vida, tiene hoy en el Perú a una de sus más fervientes intérpretes.
Veronik - Anómala
Aspirante a periodista cultural y crítico musical wannabe. Lleva un tiempo intentando hacerse famoso en internet y hasta ahora nada.

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