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Adiós literatura

A todo lector le llega ese momento en que la literatura comienza a causarle indigestión. A mí me comenzó a pasar hace unos seis meses. Leía y comenzaba a sentirme mal. Lo intenté todo: Faulkner, Conrad, Mann, Maupassant, Hemingway. Me fui a Latinoamérica: Rulfo, Borges, Vargas Llosa, Ribeyro, Paz, Onetti. Pero nada. En un momento de desesperación, incluso, probé con César Aira. Tampoco funcionó. Ahí fue cuando me dije: Vallejo no me puede fallar. Me falló, por supuesto que me falló. No era culpa de ellos, para nada. Todo era culpa mía. Me había aburrido de leer, tan sencillo como eso. Ya no soportaba leer novelas. En la página setenta ya comenzaban los dolores de cabeza. En la ciento cincuenta, las náuseas eran insoportables. Con la poesía era lo mismo. En el décimo poema ya comenzaba a sentir una fatiga atroz en todo el cuerpo. Cinco poemas más tarde, ya no aguantaba más; vomitaba. Decidí, resignado, dejar de leer. Vendí algunos de mis libros y el dinero que gané me lo gasté en comida chatarra. Mi vida estaba vacía. No tenía un hobby y eso me atormentaba. Le pedí ayuda a un amigo mío. ¿Por qué no intentas tocar un instrumento musical?, me preguntó. Me pareció interesante su propuesta. ¿Por qué no intento tocar un instrumento musical?, me pregunté. Entonces me compré una guitarra. Me costó cuatrocientos cincuenta soles. No era mala ni buena; era regular, como para empezar. Fracasé. Era muy difícil. Los dedos me dolían mucho y los puentes nunca me salieron bien. Mandé la guitarra al diablo. Decepcionado, me refugié en internet. Pasaba todo el día en la computadora, viendo videos estúpidos en Youtube. No sirvió para nada. Sin otra opción, me dediqué a escuchar música. Escuchaba álbumes completos de mis bandas favoritas. Me lo pasaba bien. Lo disfrutaba como no había disfrutado nada de lo que había intentado antes. Entonces me dije: es momento de escuchar más bandas, quizá sea divertido. Lo fue, claro que lo fue. Esas bandas sí sabían tocar la guitarra, no como yo. En síntesis, podríamos decir que tenía un nuevo hobby. Y así he pasado los últimos cuatro meses, escuchando música, álbumes enteros de bandas que ni sabía que existían. Lo bueno es que la música no me causa indigestión, ni fiebres ni dolores de cabeza. Todavía no, al menos. Pero lo mejor de todo es que le dije adiós a la literatura.
Todo lo anterior no es más que un preámbulo para explicar que en este blog estaré subiendo reseñas de álbumes musicales. Es decir que aquí plasmaré mi opinión sobre los álbumes. Ojo: solo es mi opinión. No intento ser, ni por asomo, crítico musical. Solo diré qué me gustó, qué no me gustó, qué me pareció bueno y qué no. El nombre del blog, aclaro, es así de malo y ridículo porque perdí una apuesta. Postearé una nueva reseña cada vez que pueda y cada reseña irá acompañada de un puntaje del uno al veinte. Por lo demás, creo que ya dije suficiente.
Adiós literatura
Aspirante a periodista cultural y crítico musical wannabe. Lleva un tiempo intentando hacerse famoso en internet y hasta ahora nada.

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